Por Santiago Dieser -
Si en 1983, año en que fue condenado por asesinato, a Dewey Bozella le decían que en el 2011, a los 52 años, debutaría profesionalmente como boxeador, él seguramente habría dicho que eso era altamente posible. Porque lo que caracteriza a este hombre con una vida de novela es su empuje, sus ganas y esa maravillosa virtud de nunca darse por vencido.
El pasado sábado 15 de octubre, en el Staples Center de Los Ángeles (Estadio con capacidad para 20.000 espectadores), los fanáticos no sólo se acercaron para ver a Bernard Hopkins, el campeón más veterano de la historia del pugilismo, en su primera defensa del título semipesado del Consejo Mundial de Boxeo frente a Chad Dawson, sino que además fueron hasta allí para ver a otro veterano en acción. Se trata de Dewey Bozella, un norteamericano de 52 años que pasó la mitad de su vida en la cárcel acusado de un asesinato que no cometió. Si, parece una historia de película, pero es real: estuvo 26 años preso y al salir, con 52 años de edad, cumplió el sueño de su vida y en la misma noche debutó y se retiró del boxeo profesional.
Su historia en prisión comienza en 1983 cuando fue hallado culpable y condenado por el asesinato de Emma Crapser, una anciana de 93 años. La sentencia se basó en testimonios falsos y él no tuvo más alternativa que aceptar tal injusticia. Pero allí dentro no se deprimió ni bajó los brazos, porque ya sabía lo que era soportar momentos difíciles. Con tan solo nueve años vio como su padre mató a golpes a su madre y luego vio morir a dos de sus hermanos en la calle. La vida se encargó en forma temprana de golpearlo donde más duele.
Tras las rejas supo alimentar su pasión por el boxeo y perfeccionó su técnica. Allí dentro fue que forjó sus por entonces lejanos sueños de salir del encierro y convertirse en boxeador profesional y, por qué no, en campeón mundial. No tiene la misma magnitud ni mucho menos, pero Bozella se transformó en campeón semipesado en la Penitenciaria Sing Sing. Algo que recordará por muchos años y que le generará la duda eterna de qué hubiera sido de su carrea como pugilista si habrían comprobado antes su inocencia.
En 1990 rechazó un acuerdo por el cual debía declararse culpable para disminuir su pena y siguió en prisión hasta que el 28 de octubre de 2009 un grupo de abogados probaron su inocencia y quedó en libertad. Pero no salió de la cárcel sin nada: se fue de allí con su técnica boxística, con dos títulos universitarios y con la hermosa enseñanza de que nunca deben bajarse los brazos.
Una vez de vuelta instalado en la sociedad estadounidense, Dewey abrió un gimnasio de box que debió cerrar por falta de fondos, pero que no le quitó su entusiasmo y sus ganas por practicar la disciplina que tanto amaba. El campeón Bernard Hopkins escuchó su conmovedora historia y junto a Oscar de La Hoya (de Golden Boy promotions), decidieron darle al veterano de 52 años lo que tanto reclamaba: una sola pelea en el boxeo rentado.
Así fue que el sábado 15 de octubre pasado, Dewey Bozella subió al ring del Staples Center con 86 kilos y 400 gramos para pelear frente a su compatriota Larry Hopkins (sin parentesco con Bernard), un boxeador de 30 años que sólo tenía tres peleas, todas ellas perdidas. Pelearon enmarcados en la división crucero a la distancia de cuatro rounds, donde Bozella pudo plasmar todo lo aprendido a lo largo de su compleja y angustiosa vida. Para ser un hombre de 52 años que debuta en el boxeo profesional, vale decir que su actuación fue más que meritoria y que la victoria por puntos en decisión unánime y el aplauso de todo el Estadio, fue más que justo. Pero más allá del resultado, el triunfo ya estaba garantizado para este luchador de la vida, que demostró a todo aquel que quiera saber su historia, que nunca es tarde para cumplir los sueños.
“No abandonar nunca. No abandonar nunca. No abandonar jamás. Eso es. Nunca dejes que el miedo determine quién eres, y nunca dejes que tu origen condicione tu destino. Ese es mi lema”, dice Dewey. Ese es su consejo sobre la experiencia que le toco vivir y que le valió los mayores elogios. Por ejemplo el de Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, que lo llamó antes de su pelea para desearle éxitos: "He oído tu historia y quería llamarte para desearte buena suerte en tu primer combate profesional. Todo lo que conseguiste estando en prisión y después de tu liberación es algo que admiramos".
Los planes de este campeón sin corona ahora son los de montar un gimnasio donde pueda enseñar boxeo a chicos de la calle, para que puedan hacer algo productivo. Por lo pronto, en su futuro no figuran más combates como boxeador profesional. Esa fue la espina clavada que pudo quitarse el sábado y es algo que ya no necesita volver a repetir. Ahora basará su increíble vida en la enseñanza y la ayuda a los demás, luego de haber conocido la amargura de la injusticia y las mieles de la revancha.
Esa es la historia del gran Dewey Bozella. El hombre que pasó la mitad de su vida en prisión. El hombre que debutó y se retiró del boxeo profesional en la misma noche. El hombre que fue aplaudido por 20 mil personas en el Staples Center. El hombre que les dejó una enseñanza y un consejo a todos los habitantes de planeta que deseen oír su historia. Un verdadero campeón de la vida.








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