- Opinión -
Es muy difícil explicar lo que se vive en una serie de Copa Davis. Para los que seguimos este deporte es como un mundial para los amantes del fútbol. Se vive todo con mucha pasión, nervios y adrenalina. Esta serie para mí fue muy particular. Fue la primera como periodista recibida y la primera que podía cubrir desde adentro.
El viernes fue el día que se vivió con más nervios. David Nalbandian perdía ante Marin Cilic en un partido que duró más de cinco horas y fue, a mi entender, el más entretenido de toda la serie. También fue el que más se sufrió, es verdad, pero el Rey David volvió a demostrar que siempre deja todo en la cancha y por eso se retiró ovacionado por el público que llenó Parque Roca.
El segundo turno del viernes fue raro. ¿Por qué? Porque quien salía a la cancha era la mejor raqueta argentina, Juan Martín Del Potro. Desde las tribunas había sentimientos encontrados. Estaba la gente que como siempre bancaba a Delpo y lo elogiaba y también estaban todos aquellos que quedaron con bronca después de que el tandilense decidiera no formar parte del equipo que enfrentó a Alemania en primera ronda. De todas maneras, al finalizar el encuentro y tras ganar el mismo, Delpo escuchó ese aliento que tanto esperaba.
Todos en el estadio esperaban ansiosos el partido del sábado. Ese que podía hacer que el domingo Delpo definiera la serie ante Cilic. La mejor pareja de dobles argentina de los últimos tiempos (o por lo menos con mayor efectividad) salió a la cancha: Eduardo Schwank y Nalbandian enfrentaron a Cilic y a Ivo Karlovic. El partido fue vibrante. No fue jugado en un gran nivel pero ambas parejas dejaron todo y fueron reconocidas por el público local. “olé oléoléoléEdu, Edu” se escuchaba cuando el argentino hablaba con la prensa al finalizar el encuentro.
Se llegó al domingo con ventaja. Argentina estaba arriba 2-1 y Del Potro tenía en sus manos la posibilidad de colocar a los dirigidos por Martin Jaite y Mariano Zabaleta en semifinales de Copa Davis. El tandilense no falló y se logró la ansiada clasificación. Quizás, si Cilic no hubiera tenido que jugar el punto del sábado (jugó el dobles y acumuló más de 10 horas de juego en dos días) el resultado hubiera sido otro, eso no lo sabemos. Lo importante fue que se consiguió la clasificación en una serie que fue más complicada de lo que se esperaba.
El festejo en ese momento fue medido. Tanto el público como los jugadores y capitanes de Argentina reconocieron el trabajo de Cilic y lo aplaudieron al retirarse. Despues, Jaite tomó el micrófono, agradeció a las 14500 personas que estaban en el estadio y les pidió que se quedaran a ver el partido que Juan Mónaco iba a jugar para finalizar la serie. La gente respondió nuevamente. Se quedó y festejó el triunfo de Pico en dos sets. Entre tanto reconocimiento hubo tiempo también para vivar a Juan Ignacio Chela que, tal como lo definió Mónaco es, junto a él, es la rueda de auxilio de la legión argentina.
Argentina tiene un gran equipo. O mejor dicho, tiene grandes individualidades que buscarán formar un equipo para obtener la ansiada y esquiva Davis. Jaite y Zabaleta lograron unir a jugadores que hasta hace un tiempo no se hablaban y eso se nota tanto dentro como fuera de la cancha. Ahora se viene República Checa, entre el 14 y el 16 de septiembre, también en Parque Roca. Ese será un paso más hacia el objetivo tan preciado: conseguir la ensaladera de plata.
Por Carla Yacuzzi
caryacuzzi@polideportivodiario.com








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